sábado, 13 de agosto de 2011

LA CIUDAD DORMIDA

Estoy  solo en la ciudad. en una ciudad carente del paso de la gente y de los vehículos. En una metrópoli desierta y silenciosa. No hay nada, ni ruido ni movimiento ni vida. la gente ha huido a la costa este bochornoso mes de Agosto. Sobre la ciudad pende un ambiente pesado, agobiante, caluroso, muy caluroso.
A mi alrededor los edificios se yerguen como tumbas inmaculadas y estériles. Monumentos solitarios e impersonales que reflejan los sofocantes rayos solares. Mis pasos se pierden entre los desfiladeros de cemento y cristal. Camino y mis pisadas resuenan entre el ardiente asfalto.


 Cae la noche y se alargan las sombras y brillan las luces en el interior de los rascacielos vacíos. Los pocos que estamos recluidos en nuestras casas resguardandonos del astro rey, aprovechamos su caída para conquistar la ciudad y sentirla totalmente nuestra. Es gozoso disfrutar de este mes pese al calor que la azota. Disfrutaré de ella hasta mi partida vacacional. Cuando regrese a la urbe, tan querida y odiada, todo habrá vuelto a la normalidad. Volverá la gente, volverán los coches, volverá la agitación y la rapidez...mientras tanto disfrutaré de su estado aletargado, tranquilo y ausente, como si fuera el ultimo hombre de la ciudad.